Un estudio internacional, liderado por el Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral (BrainLat) de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), reveló que el entrenamiento de fuerza es capaz de revertir el envejecimiento cerebral entre 1,4 y 2,3 años. El hallazgo, publicado en la revista GeroScience, desafía la noción de que solo el ejercicio aeróbico beneficia al sistema nervioso. Mediante el uso de neuroimágenes y modelos de inteligencia artificial conocidos como « relojes cerebrales «, los científicos analizaron a 309 adultos mayores sometidos a un año de entrenamiento supervisado. Los resultados arrojaron que el ejercicio de resistencia no solo mejora la condición física, sino que rejuvenece la conectividad neuronal de forma global. A diferencia de las personas con hábitos sedentarios, quienes integraron rutinas de pesas y resistencia en su día a día mostraron un fortalecimientoen la corteza prefrontal. Esta zona es fundamental para el capital cerebral, ya que coordina funciones ejecutivas como la memoria de trabajo y la capacidad de tomar decisiones complejas. «Del mismo modo que la demencia acelera el envejecimiento cerebral, el ejercicio podría retrasarlo «, explica Agustín Ibáñez, director de BrainLat UAI y uno de los líderes del trabajo. Para el experto, este descubrimiento abre una ventana de oportunidad para diseñar políticas públicas que promuevan la salud mental a través del cuerpo. Además, la investigación determinó que los beneficios no son efímeros; las evaluaciones realizadas un año después de finalizar el programa demostraron que la «juventud» recuperada por el cerebro persistía en el tiempo. Fuerza muscular como biomarcador de salud mental El estudio comparó dos niveles de intensidad: un entrenamiento de alta resistencia (HRT) y uno de intensidad moderada (MIT). Sorprendentemente, ambos grupos lograron reducir su edad cerebral de manera similar. Esto sugiere que no es necesario ser un atleta de alto rendimiento para obtener resultados; incluso dosis moderadas de ejercicio de fuerza generan beneficios biológicos medibles. Un dato clave del informe es la correlación directa entre la fuerza física y la integridad del sistema nervioso central. Los científicos detectaron que a mayor aumento de la fuerza muscular, menor es la brecha de edad cerebral. Este vínculo posiciona a la salud musculoesquelética como un biomarcador esencial para predecir el estado del cerebro. Para los autores, el mensaje es el siguiente: el entrenamiento de resistencia no es solo una cuestión de estética o salud física, sino una herramienta de prevención clave para proteger el cerebro en la vejez.
El envejecimiento no irrumpe de golpe: se desliza con discreción en los pliegues de nuestra biología. Un día descubrimos que la pisada es menos firme, que el equilibrio vacila, que la agilidad se vuelve más esquiva. Durante décadas, la ciencia asumió este declive motor como un destino inevitable, un epílogo natural de la vida. Sin embargo, un estudio reciente de la Universidad McGill ilumina un mecanismo concreto que traduce el paso del tiempo con torpeza corporal. El trabajo, liderado por Eviatar Fields en el laboratorio de la profesora Alanna Watt, identifica un vínculo causal entre la disminución de la actividad eléctrica de ciertas neuronas del cerebelo (las células de Purkinje) y el deterioro de la coordinación motora. Publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences , el estudio no solo describe un fenómeno asociado a la edad, sino que demuestra que modular la actividad neuronal puede revertir parcialmente sus efectos en modelos animales. El latido eléctrico del movimiento El cerebelo, esa estructura situada en la parte posterior del cerebro, es el gran afinador del gesto. No inicia los movimientos, pero los corrige, los ajusta y los sincroniza. En su interior, las células de Purkinje actúan como nodos maestros: integran información sensorial y señales internas del cuerpo para emitir órdenes de precisión. A diferencia de muchas neuronas, estas células poseen la capacidad de disparar impulsos eléctricos de forma espontánea. Ese fuego intrínseco y rítmico es esencial para mantener la armonía motora. Para examinar cómo la edad altera este patrón, los investigadores estudiaron ratones jóvenes (dos meses) y ancianos (entre 18 y 24 meses). Las diferencias fueron evidentes: los animales mayores cruzaban con mayor dificultad una viga elevada y abandonaban antes la prueba del Rotarod, una barra giratoria que exige equilibrio y coordinación. Estos déficits reproducen, a pequeña escala, el deterioro observado en humanos. El siguiente paso fue más revelador. Mediante registros electrofisiológicos, el equipo comprobó que las células de Purkinje de los ratones ancianos disparaban con menor frecuencia. No se trataba solo de una correlación: la actividad eléctrica había menguado de forma significativa. Y en ese descenso latía una sospecha poderosa: ¿y si la pérdida de coordinación no fuera simplemente consecuencia de la edad, sino del debilitamiento de este pulso neuronal? Manipular el tiempo en el laboratorio Para poner a prueba la hipótesis, los investigadores recurrieron a una herramienta genética conocida como DREADD (receptores diseñados que se activan exclusivamente con fármacos específicos). Este sistema permite aumentar o disminuir la excitabilidad neuronal con precisión quirúrgica. En ratones jóvenes, los científicos redujeron artificialmente la frecuencia de disparo de las células de Purkinje, imitando el patrón observado en los animales envejecidos. El resultado fue contundente: los jóvenes manipulados descendían antes del Rotarod que sus pares intactos. En otras palabras, al “envejecer” eléctricamente sus neuronas, su desempeño motor también envejecía. El experimento inverso ofreció un espejo esperanzador. Al incrementar la actividad de las células de Purkinje en ratones ancianos, estos lograron permanecer más tiempo sobre la barra giratoria. La coordinación mejoró. Reactivar el pulso neuronal restauraba, al menos en parte, la destreza perdida. Una segunda prueba reforzó la conclusión. Tras aprender a tirar de una cuerda de un metro para obtener un premio alimenticio, los ratones mayores cometían más errores que los jóvenes. Sin embargo, cuando se estimuló la actividad de sus neuronas cerebelosas, los fallos disminuyeron de forma notable. La evidencia apuntaba en la misma dirección: la reducción del disparo espontáneo de las células de Purkinje no era un epifenómeno, sino un motor directo del deterioro. Más allá del laboratorio: caídas y calidad de vida Las implicaciones trascienden el modelo animal. La pérdida de coordinación en la vejez no es un simple inconveniente: está asociada a un aumento en la frecuencia de caídas, uno de los principales factores de discapacidad en personas mayores. Una fractura puede cambiarlo todo : autonomía, movilidad, incluso esperanza de vida. Comprender el mecanismo neural que subyace a este declive abre la puerta a estrategias terapéuticas orientadas no solo a tratar, sino a prevenir. Además, alteraciones similares en la actividad cerebelosa han sido descritas en trastornos neurodegenerativos como la enfermedad de Alzheimer. Si la disfunción de las células de Purkinje contribuye tanto al envejecimiento normal como a patologías más graves, intervenir sobre su excitabilidad podría tener efectos amplificados. El hallazgo sugiere que el envejecimiento motor no es una marea inevitable, sino un proceso biológicamente modulable. La coordinación motora ha sido históricamente menos explorada en la investigación sobre envejecimiento que la memoria o la cognición. Sin embargo, en una población global cada vez más longeva, preservar la movilidad es preservar la independencia. Y la independencia, en última instancia, es dignidad.
Con el objetivo de concientizar a las personas sobre la importancia de la protección solar y la prevención del cáncer a la piel, la marca de dermocosmética de L’Oréal Groupe, La Roche-Posay, llevará a cabo un nuevo operativo médico gratuito de chequeo y medición de lunares en el sector 3 de Reñaca, en el marco de su campaña “Salva tu piel”. La iniciativa cuenta con el apoyo de la Sociedad Chilena de Dermatología (Sochiderm), que pondrá a disposición dos boxes de atención a cargo de dermatólogos de la organización quienes revisarán los lunares de los asistentes y entregarán consejos sobre la importancia de la protección solar para evitar el cáncer a la piel. Además, las personas podrán acceder a dos módulos Dermasafe de telemedicina, donde un equipo de profesionales revisarán junto a los pacientes sus lunares y lesiones, y registrarán mediante imágenes en alta resolución aquellos que podrían ser sospechosos. Posteriormente dichas fotografías serán analizadas por un dermatólogo en línea y en un plazo máximo de 72 horas hábiles las personas recibirán el resultado junto al diagnóstico. “Salva tu piel” se realiza en Chile desde 2010 y ya ha revisado más de 18 mil lunares en todo el país. Este año, el stand contará con profesionales de la salud, módulos de revisión y tecnología de punta desde el 17 hasta el 22 de febrero, entre las 10:00 y 20:00 hrs.
El uso abusivo de las redes sociales está provocando unaepidemia de soledad en los jóvenes estadounidenses, según un estudio que afirma que, a mayor uso de estas plataformas, más propensos son los usuarios a sentirse solos, aislados y aumentar su riesgo de caer en una depresión. La revista Journal of American College Health presentó este lunes las conclusiones de una investigación basada en el análisis de encuestas realizadas a 64.988 jóvenes de entre 18 y 24 años de más de 120 universidades estadounidenses. Los investigadores, de las universidades norteamericanas de Cincinnati e Indiana, preguntaron a los estudiantes cuántas horas dedican a las redes sociales en una semana normal, al tiempo que investigaron el sentimiento de soledad preguntándoles con qué frecuencia se sentían excluidos, carecían de compañía o se consideraban aislados. El uso abusivo de las redes e internet se determinó en más 16 horas semanales, teniendo en cuenta la consideración que ya se había hecho en estudios previos. Los más propensos a sentir soledad El análisis de los resultados indica que a más uso de las redes, más solos confesaban sentirse los jóvenes. Así, quienes usan las redes al menos 30 horas a la semana, son un 38 % más propensos a declarar soledad frente a quienes las utilizan menos de 16 horas semanales. Entre 26 y 30 horas a la semana se asocian con un 34 % más de riesgo de padecer soledad; entre 21 y 25 horas con un 23% más; entre 16 y 20 horas con un 19% más; y al menos 16 horas semanales con un 13% más respecto a quienes no llegan a ese umbral de uso. De los 64.988 jóvenes encuestados, el 54% decía sentir soledad, lo que coincide con otras investigaciones recientes realizadas en Estados Unidos. Las estudiantes mujeres y de etnia negra son las que afirman sentir más aislamiento y exclusión. Curiosamente, los estudiantes que cursan sus carreras de forma híbrida (mitad presencial y mitad conectados) dicen sentirse menos solos, lo que los autores atribuyen al hecho de que tienen más tiempo para ver a sus antiguos amigos. Además, quienes viven en un campus son menos propensos a sentirse solos que los que están en casa, lo que los investigadores achacan a la posibilidad de tener más contacto social en persona, a través de la convivencia, de la asistencia a reuniones y/o fiestas. Establecer límites Sabemos que las personas que se sienten solas son más propensas a sufrir depresión, y tienen más riesgo de morir prematuramente, señala una de las autoras, Madelyn Hill, actualmente en la Universidad de Ohio. Estos resultados subrayan lo extendida que está la soledad entre los estudiantes universitarios y ponen de relieve que el uso excesivo de las redes sociales puede estar sustituyendo interacciones personales significativas que protegen su salud mental, señala otra de las autoras, Ashley Merianos, de la Universidad de Cincinnati, en un comunicado. Una estrategia clave de salud pública para combatir esta epidemia de soledad es fortalecer las conexiones sociales y ayudar a los estudiantes a construir relaciones de apoyo con sus compañeros más allá de internet, apunta Merianos. Los autores consideran que los jóvenes deberían recibir más información sobre los potenciales efectos nocivos del uso de las redes sociales, y las instituciones educativas deberían animarles a establecer límites de tiempo para su uso.
En los últimos días, se han vuelto a viralizar publicaciones en redes sociales que instalan la idea de que el jamón habría sido recientemente clasificado como carcinógeno por la Organización Mundial de la Salud (OMS), comparándolo con el consumo de cigarrillos y el arsénico. Sin embargo, la noticia no es nueva y tampoco se aborda con la seriedad que requiere divulgar este tipo de contenidos. Consumo del jamón La clasificación a la que hacen referencia estas publicaciones se remonta a 2015 y fue realizada por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), organismo dependiente de la OMS. Así lo aclara Javier Maruri, académico de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello (UNAB) , quien advierte que el problema no radica en la evidencia científica, sino en la forma “alarmista” en que esta se comunica. La categoría de carcinógeno grupo 1, describe el especialista, no significa que un alimento cause cáncer de manera directa. “Se trata de una clasificación que indica la existencia de evidencia científica sólida que demuestra una asociación entre el consumo de determinados productos y el desarrollo de cáncer, particularmente el cáncer colorrectal”, precisa Maruri. Otro de los puntos que suele generar confusión es que la advertencia no se limita al jamón. Si bien este producto suele protagonizar las imágenes que circulan en las redes, la clasificación incluye a todas las carnes procesadas. “Se trata de alimentos que han sido sometidos a procesos como el salado, curado, ahumado, fermentación o la adición de preservantes para mejorar su sabor, aspecto o vida útil”, advierte el académico UNAB. El aumento del riesgo, agrega, se explica principalmente por el uso de conservantes como nitritos y nitratos, que pueden formar compuestos potencialmente carcinógenos, especialmente cuando estos productos se someten a cocción a altas temperaturas. “No estamos diciendo que por comerse un sándwich con jamón una persona va a desarrollar cáncer colorrectal, sino que el riesgo aumenta con el consumo habitual y abundante de este tipo de productos.
Un estudio internacional, liderado por el Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral (BrainLat) de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), reveló que el entrenamiento de fuerza es capaz de revertir el envejecimiento cerebral entre 1,4 y 2,3 años. El hallazgo, publicado en la revista GeroScience, desafía la noción de que solo el ejercicio aeróbico beneficia al sistema nervioso. Mediante el uso de neuroimágenes y modelos de inteligencia artificial conocidos como « relojes cerebrales «, los científicos analizaron a 309 adultos mayores sometidos a un año de entrenamiento supervisado. Los resultados arrojaron que el ejercicio de resistencia no solo mejora la condición física, sino que rejuvenece la conectividad neuronal de forma global. A diferencia de las personas con hábitos sedentarios, quienes integraron rutinas de pesas y resistencia en su día a día mostraron un fortalecimientoen la corteza prefrontal. Esta zona es fundamental para el capital cerebral, ya que coordina funciones ejecutivas como la memoria de trabajo y la capacidad de tomar decisiones complejas. «Del mismo modo que la demencia acelera el envejecimiento cerebral, el ejercicio podría retrasarlo «, explica Agustín Ibáñez, director de BrainLat UAI y uno de los líderes del trabajo. Para el experto, este descubrimiento abre una ventana de oportunidad para diseñar políticas públicas que promuevan la salud mental a través del cuerpo. Además, la investigación determinó que los beneficios no son efímeros; las evaluaciones realizadas un año después de finalizar el programa demostraron que la «juventud» recuperada por el cerebro persistía en el tiempo. Fuerza muscular como biomarcador de salud mental El estudio comparó dos niveles de intensidad: un entrenamiento de alta resistencia (HRT) y uno de intensidad moderada (MIT). Sorprendentemente, ambos grupos lograron reducir su edad cerebral de manera similar. Esto sugiere que no es necesario ser un atleta de alto rendimiento para obtener resultados; incluso dosis moderadas de ejercicio de fuerza generan beneficios biológicos medibles. Un dato clave del informe es la correlación directa entre la fuerza física y la integridad del sistema nervioso central. Los científicos detectaron que a mayor aumento de la fuerza muscular, menor es la brecha de edad cerebral. Este vínculo posiciona a la salud musculoesquelética como un biomarcador esencial para predecir el estado del cerebro. Para los autores, el mensaje es el siguiente: el entrenamiento de resistencia no es solo una cuestión de estética o salud física, sino una herramienta de prevención clave para proteger el cerebro en la vejez.
El envejecimiento no irrumpe de golpe: se desliza con discreción en los pliegues de nuestra biología. Un día descubrimos que la pisada es menos firme, que el equilibrio vacila, que la agilidad se vuelve más esquiva. Durante décadas, la ciencia asumió este declive motor como un destino inevitable, un epílogo natural de la vida. Sin embargo, un estudio reciente de la Universidad McGill ilumina un mecanismo concreto que traduce el paso del tiempo con torpeza corporal. El trabajo, liderado por Eviatar Fields en el laboratorio de la profesora Alanna Watt, identifica un vínculo causal entre la disminución de la actividad eléctrica de ciertas neuronas del cerebelo (las células de Purkinje) y el deterioro de la coordinación motora. Publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences , el estudio no solo describe un fenómeno asociado a la edad, sino que demuestra que modular la actividad neuronal puede revertir parcialmente sus efectos en modelos animales. El latido eléctrico del movimiento El cerebelo, esa estructura situada en la parte posterior del cerebro, es el gran afinador del gesto. No inicia los movimientos, pero los corrige, los ajusta y los sincroniza. En su interior, las células de Purkinje actúan como nodos maestros: integran información sensorial y señales internas del cuerpo para emitir órdenes de precisión. A diferencia de muchas neuronas, estas células poseen la capacidad de disparar impulsos eléctricos de forma espontánea. Ese fuego intrínseco y rítmico es esencial para mantener la armonía motora. Para examinar cómo la edad altera este patrón, los investigadores estudiaron ratones jóvenes (dos meses) y ancianos (entre 18 y 24 meses). Las diferencias fueron evidentes: los animales mayores cruzaban con mayor dificultad una viga elevada y abandonaban antes la prueba del Rotarod, una barra giratoria que exige equilibrio y coordinación. Estos déficits reproducen, a pequeña escala, el deterioro observado en humanos. El siguiente paso fue más revelador. Mediante registros electrofisiológicos, el equipo comprobó que las células de Purkinje de los ratones ancianos disparaban con menor frecuencia. No se trataba solo de una correlación: la actividad eléctrica había menguado de forma significativa. Y en ese descenso latía una sospecha poderosa: ¿y si la pérdida de coordinación no fuera simplemente consecuencia de la edad, sino del debilitamiento de este pulso neuronal? Manipular el tiempo en el laboratorio Para poner a prueba la hipótesis, los investigadores recurrieron a una herramienta genética conocida como DREADD (receptores diseñados que se activan exclusivamente con fármacos específicos). Este sistema permite aumentar o disminuir la excitabilidad neuronal con precisión quirúrgica. En ratones jóvenes, los científicos redujeron artificialmente la frecuencia de disparo de las células de Purkinje, imitando el patrón observado en los animales envejecidos. El resultado fue contundente: los jóvenes manipulados descendían antes del Rotarod que sus pares intactos. En otras palabras, al “envejecer” eléctricamente sus neuronas, su desempeño motor también envejecía. El experimento inverso ofreció un espejo esperanzador. Al incrementar la actividad de las células de Purkinje en ratones ancianos, estos lograron permanecer más tiempo sobre la barra giratoria. La coordinación mejoró. Reactivar el pulso neuronal restauraba, al menos en parte, la destreza perdida. Una segunda prueba reforzó la conclusión. Tras aprender a tirar de una cuerda de un metro para obtener un premio alimenticio, los ratones mayores cometían más errores que los jóvenes. Sin embargo, cuando se estimuló la actividad de sus neuronas cerebelosas, los fallos disminuyeron de forma notable. La evidencia apuntaba en la misma dirección: la reducción del disparo espontáneo de las células de Purkinje no era un epifenómeno, sino un motor directo del deterioro. Más allá del laboratorio: caídas y calidad de vida Las implicaciones trascienden el modelo animal. La pérdida de coordinación en la vejez no es un simple inconveniente: está asociada a un aumento en la frecuencia de caídas, uno de los principales factores de discapacidad en personas mayores. Una fractura puede cambiarlo todo : autonomía, movilidad, incluso esperanza de vida. Comprender el mecanismo neural que subyace a este declive abre la puerta a estrategias terapéuticas orientadas no solo a tratar, sino a prevenir. Además, alteraciones similares en la actividad cerebelosa han sido descritas en trastornos neurodegenerativos como la enfermedad de Alzheimer. Si la disfunción de las células de Purkinje contribuye tanto al envejecimiento normal como a patologías más graves, intervenir sobre su excitabilidad podría tener efectos amplificados. El hallazgo sugiere que el envejecimiento motor no es una marea inevitable, sino un proceso biológicamente modulable. La coordinación motora ha sido históricamente menos explorada en la investigación sobre envejecimiento que la memoria o la cognición. Sin embargo, en una población global cada vez más longeva, preservar la movilidad es preservar la independencia. Y la independencia, en última instancia, es dignidad.
Con el objetivo de concientizar a las personas sobre la importancia de la protección solar y la prevención del cáncer a la piel, la marca de dermocosmética de L’Oréal Groupe, La Roche-Posay, llevará a cabo un nuevo operativo médico gratuito de chequeo y medición de lunares en el sector 3 de Reñaca, en el marco de su campaña “Salva tu piel”. La iniciativa cuenta con el apoyo de la Sociedad Chilena de Dermatología (Sochiderm), que pondrá a disposición dos boxes de atención a cargo de dermatólogos de la organización quienes revisarán los lunares de los asistentes y entregarán consejos sobre la importancia de la protección solar para evitar el cáncer a la piel. Además, las personas podrán acceder a dos módulos Dermasafe de telemedicina, donde un equipo de profesionales revisarán junto a los pacientes sus lunares y lesiones, y registrarán mediante imágenes en alta resolución aquellos que podrían ser sospechosos. Posteriormente dichas fotografías serán analizadas por un dermatólogo en línea y en un plazo máximo de 72 horas hábiles las personas recibirán el resultado junto al diagnóstico. “Salva tu piel” se realiza en Chile desde 2010 y ya ha revisado más de 18 mil lunares en todo el país. Este año, el stand contará con profesionales de la salud, módulos de revisión y tecnología de punta desde el 17 hasta el 22 de febrero, entre las 10:00 y 20:00 hrs.
El uso abusivo de las redes sociales está provocando unaepidemia de soledad en los jóvenes estadounidenses, según un estudio que afirma que, a mayor uso de estas plataformas, más propensos son los usuarios a sentirse solos, aislados y aumentar su riesgo de caer en una depresión. La revista Journal of American College Health presentó este lunes las conclusiones de una investigación basada en el análisis de encuestas realizadas a 64.988 jóvenes de entre 18 y 24 años de más de 120 universidades estadounidenses. Los investigadores, de las universidades norteamericanas de Cincinnati e Indiana, preguntaron a los estudiantes cuántas horas dedican a las redes sociales en una semana normal, al tiempo que investigaron el sentimiento de soledad preguntándoles con qué frecuencia se sentían excluidos, carecían de compañía o se consideraban aislados. El uso abusivo de las redes e internet se determinó en más 16 horas semanales, teniendo en cuenta la consideración que ya se había hecho en estudios previos. Los más propensos a sentir soledad El análisis de los resultados indica que a más uso de las redes, más solos confesaban sentirse los jóvenes. Así, quienes usan las redes al menos 30 horas a la semana, son un 38 % más propensos a declarar soledad frente a quienes las utilizan menos de 16 horas semanales. Entre 26 y 30 horas a la semana se asocian con un 34 % más de riesgo de padecer soledad; entre 21 y 25 horas con un 23% más; entre 16 y 20 horas con un 19% más; y al menos 16 horas semanales con un 13% más respecto a quienes no llegan a ese umbral de uso. De los 64.988 jóvenes encuestados, el 54% decía sentir soledad, lo que coincide con otras investigaciones recientes realizadas en Estados Unidos. Las estudiantes mujeres y de etnia negra son las que afirman sentir más aislamiento y exclusión. Curiosamente, los estudiantes que cursan sus carreras de forma híbrida (mitad presencial y mitad conectados) dicen sentirse menos solos, lo que los autores atribuyen al hecho de que tienen más tiempo para ver a sus antiguos amigos. Además, quienes viven en un campus son menos propensos a sentirse solos que los que están en casa, lo que los investigadores achacan a la posibilidad de tener más contacto social en persona, a través de la convivencia, de la asistencia a reuniones y/o fiestas. Establecer límites Sabemos que las personas que se sienten solas son más propensas a sufrir depresión, y tienen más riesgo de morir prematuramente, señala una de las autoras, Madelyn Hill, actualmente en la Universidad de Ohio. Estos resultados subrayan lo extendida que está la soledad entre los estudiantes universitarios y ponen de relieve que el uso excesivo de las redes sociales puede estar sustituyendo interacciones personales significativas que protegen su salud mental, señala otra de las autoras, Ashley Merianos, de la Universidad de Cincinnati, en un comunicado. Una estrategia clave de salud pública para combatir esta epidemia de soledad es fortalecer las conexiones sociales y ayudar a los estudiantes a construir relaciones de apoyo con sus compañeros más allá de internet, apunta Merianos. Los autores consideran que los jóvenes deberían recibir más información sobre los potenciales efectos nocivos del uso de las redes sociales, y las instituciones educativas deberían animarles a establecer límites de tiempo para su uso.
En los últimos días, se han vuelto a viralizar publicaciones en redes sociales que instalan la idea de que el jamón habría sido recientemente clasificado como carcinógeno por la Organización Mundial de la Salud (OMS), comparándolo con el consumo de cigarrillos y el arsénico. Sin embargo, la noticia no es nueva y tampoco se aborda con la seriedad que requiere divulgar este tipo de contenidos. Consumo del jamón La clasificación a la que hacen referencia estas publicaciones se remonta a 2015 y fue realizada por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), organismo dependiente de la OMS. Así lo aclara Javier Maruri, académico de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello (UNAB) , quien advierte que el problema no radica en la evidencia científica, sino en la forma “alarmista” en que esta se comunica. La categoría de carcinógeno grupo 1, describe el especialista, no significa que un alimento cause cáncer de manera directa. “Se trata de una clasificación que indica la existencia de evidencia científica sólida que demuestra una asociación entre el consumo de determinados productos y el desarrollo de cáncer, particularmente el cáncer colorrectal”, precisa Maruri. Otro de los puntos que suele generar confusión es que la advertencia no se limita al jamón. Si bien este producto suele protagonizar las imágenes que circulan en las redes, la clasificación incluye a todas las carnes procesadas. “Se trata de alimentos que han sido sometidos a procesos como el salado, curado, ahumado, fermentación o la adición de preservantes para mejorar su sabor, aspecto o vida útil”, advierte el académico UNAB. El aumento del riesgo, agrega, se explica principalmente por el uso de conservantes como nitritos y nitratos, que pueden formar compuestos potencialmente carcinógenos, especialmente cuando estos productos se someten a cocción a altas temperaturas. “No estamos diciendo que por comerse un sándwich con jamón una persona va a desarrollar cáncer colorrectal, sino que el riesgo aumenta con el consumo habitual y abundante de este tipo de productos.