La histórica misión Artemis II dejó una de esas coincidencias que parecen escritas para los fanáticos del rock: el tiempo que los astronautas permanecieron incomunicados al pasar por el lado oscuro de la Luna prácticamente coincide con la duración del legendario álbum The Dark Side of the Moon. Durante ese tramo del viaje, la nave quedó sin contacto con la Tierra por un período estimado entre 40 y 50 minutos, un fenómeno esperado debido a que la Luna bloquea las comunicaciones. Lo llamativo es que el disco de Pink Floyd dura exactamente 42 minutos y 50 segundos, casi el mismo tiempo que dura ese “apagón” espacial. Algunas estimaciones incluso sitúan el paso por ese sector en unos 42-43 minutos, lo que refuerza aún más la coincidencia: si los astronautas hubieran puesto play al disco al entrar en el lado oculto, la música habría terminado justo al recuperar la señal. Más allá de lo curioso, el paralelismo tiene un peso simbólico fuerte. Mientras la misión Artemis II permitió por primera vez observar con mayor detalle esa cara desconocida del satélite, el disco de Pink Floyd —lanzado en 1973— ya había explorado “el lado oscuro”, pero desde lo humano: la mente, el tiempo, la locura y la presión de la vida moderna. Una vez más, la ciencia y la música se cruzan de manera inesperada: la NASA ilumina físicamente lo desconocido, y el rock lo había hecho décadas antes, pero desde adentro.
La misión Artemis II despegó rumbo a la Luna acompañada de una tecnología que promete cambiar para siempre la forma en que se explora el cosmos. Se trata del sistema de Comunicaciones Ópticas Orion Artemis II (O2O), una plataforma desarrollada por el Laboratorio Lincoln del MIT en colaboración con el Centro Goddard de la NASA. Este sistema permite, por primera vez en una misión tripulada, el uso de comunicaciones láser (lasercom) para enviar volúmenes masivos de información hacia la Tierra. A diferencia de las misiones Apolo, que dependían exclusivamente de ondas de radio, Artemis II utiliza luz infrarroja para transportar datos. Esta transición es fundamental: mientras que el espectro de radiofrecuencia (RF) está cada vez más saturado y limitado en su ancho de banda, el láser ofrece una autopista de datos mucho más amplia, permitiendo que la tripulación transmita video en vivo y en alta resolución desde las proximidades de la Luna. «Podrán comunicarse a través de videoconferencias para coordinar actividades, hablar con médicos o transmitir en directo sus viajes, inspirando a una nueva generación», destacó Jade Wang, subdirectora del Grupo de Comunicaciones Ópticas y Cuánticas. El funcionamiento de estas comunicaciones recae en un dispositivo compacto denominado MAScOT (Terminal Óptico Modular, Ágil y Escalable). Este terminal, del tamaño aproximado de un gato, es el encargado de gestionar el envío y recepción de los haces de luz entre la nave Orion y la Tierra. MAScOT: El corazón tecnológico del enlace láser MAScOT se divide en dos componentes: El Gimbal (caja superior): Un soporte pivotante de dos ejes que sostiene un telescopio de 10 centímetros. Su función es apuntar con extrema precisión hacia los receptores terrestres, compensando el movimiento de la nave para mantener el haz láser alineado. Óptica de procesamiento posterior (caja inferior): Ubicada debajo del gimbal, contiene lentes de enfoque, sensores de seguimiento y espejos de dirección rápida que aseguran que la señal no se pierda durante la transmisión. Esta arquitectura ya demostró su eficacia en pruebas previas en la Estación Espacial Internacional (ISS), donde el sistema alcanzó velocidades de descarga de 1,2 Gbps. Para ponerlo en perspectiva, esta velocidad permitiría descargar archivos científicos en cuestión de horas, una tarea que con los sistemas de radio tradicionales solía demorar meses tras el regreso de la cápsula. Una red terrestre global con presencia en el hemisferio sur Para que el sistema O2O funcione, la NASA desplegó una red de estaciones terrestres especializadas capaces de captar estos haces de luz infrarroja. El equipo de operaciones del Laboratorio Lincoln supervisa la misión de 10 días desde estaciones en Houston (Texas), White Sands (Nuevo México) y una estación experimental ubicada en Australia. La inclusión de la estación en Australia es clave, ya que permite una cobertura óptima desde el hemisferio sur, asegurando que la nave Orion mantenga el contacto sin importar su posición orbital respecto a la rotación terrestre. En estas bases, los ingenieros han realizado simulaciones mensuales para garantizar que la transición entre estaciones sea transparente y que la comunicación con los astronautas sea fluida. Fuente: www.cooperativaciencia.
La NASA iniciará formalmente la cuenta regresiva para el lanzamiento de la misión Artemis II este lunes a las 19:00 GMT (15:00 horas local de Florida). Tras superar una serie de revisiones técnicas y retrasos previos, los especialistas confirmaron que todo el sistema de lanzamiento se encuentra en óptimas condiciones para el despegue programado para este miércoles 1 de abril a las 18:24 hora local desde el Centro Espacial Kennedy. Lori Glaze, administradora asociada de la Misión de Desarrollo de Exploración de Sistemas de la NASA, aseguró que las operaciones han transcurrido sin contratiempos tras la última revisión de preparación de vuelo. «Nos estamos acercando mucho y estamos listos «, afirmó la funcionaria, destacando que el proceso de preparación actual ha sido uno de los más «limpios» en la historia reciente de la agencia. A pesar del optimismo técnico, la principal variable que mantiene en alerta a los ingenieros es el clima en Cabo Cañaveral. Actualmente, existe un 80% de probabilidad de condiciones meteorológicas favorables, aunque persisten preocupaciones menores sobre la formación de nubes y vientos en altura que podrían interferir con la trayectoria del cohete. Un desafío técnico bajo la mirada del clima en Florida El comandante de la misión, el astronauta Reid Wiseman, se mostró relajado pero cauteloso ante los posibles escenarios. «Estamos listos para salir, pero ni por un segundo tenemos la expectativa de que vamos a ir en el primer intento», matizó Wiseman, recordando que el vehículo ya tuvo que regresar al edificio de ensamblaje en febrero pasado por ajustes técnicos. «Si tenemos que intentarlo unas pocas veces más, estamos 100% preparados para ello», añadió. La misión Artemis II tendrá una duración de 10 días y utilizará el cohete Space Launch System (SLS) junto a la cápsula Orion. Durante el trayecto, los astronautas evaluarán los sistemas de soporte vital y realizarán maniobras que servirán de base para las futuras misiones de descenso en la superficie lunar. Una tripulación diversa con la mira puesta en Marte La tripulación está integrada por la especialista de misión Christina Koch, quien será la primera mujer en una misión lunar; el piloto Victor Glover, el primer hombre de raza negra en este tipo de expediciones; y el astronauta Jeremy Hansen, el primer canadiense en dejar la órbita terrestre. Para Koch, esta misión es un « peldaño hacia Marte» y una oportunidad única para buscar respuestas sobre el origen de la vida en el sistema solar. «Responder a la pregunta de si estamos solos comienza en la Luna», señaló la astronauta desde la cuarentena preventiva. Por su parte, el canadiense Jeremy Hansen destacó que uno de los momentos más esperados será la observación de un eclipse solar desde su posición privilegiada en el espacio. Este vuelo es la continuación del éxito de Artemis I (no tripulado) en 2022 y el paso previo al objetivo de 2028: volver a pisar suelo lunar. El programa Artemis busca establecer una presencia humana permanente en el satélite y construir la estación orbital Gateway, que servirá como puerto de enlace para la futura exploración del planeta rojo. Fuente: www.cooperativa
La histórica misión Artemis II dejó una de esas coincidencias que parecen escritas para los fanáticos del rock: el tiempo que los astronautas permanecieron incomunicados al pasar por el lado oscuro de la Luna prácticamente coincide con la duración del legendario álbum The Dark Side of the Moon. Durante ese tramo del viaje, la nave quedó sin contacto con la Tierra por un período estimado entre 40 y 50 minutos, un fenómeno esperado debido a que la Luna bloquea las comunicaciones. Lo llamativo es que el disco de Pink Floyd dura exactamente 42 minutos y 50 segundos, casi el mismo tiempo que dura ese “apagón” espacial. Algunas estimaciones incluso sitúan el paso por ese sector en unos 42-43 minutos, lo que refuerza aún más la coincidencia: si los astronautas hubieran puesto play al disco al entrar en el lado oculto, la música habría terminado justo al recuperar la señal. Más allá de lo curioso, el paralelismo tiene un peso simbólico fuerte. Mientras la misión Artemis II permitió por primera vez observar con mayor detalle esa cara desconocida del satélite, el disco de Pink Floyd —lanzado en 1973— ya había explorado “el lado oscuro”, pero desde lo humano: la mente, el tiempo, la locura y la presión de la vida moderna. Una vez más, la ciencia y la música se cruzan de manera inesperada: la NASA ilumina físicamente lo desconocido, y el rock lo había hecho décadas antes, pero desde adentro.
La misión Artemis II despegó rumbo a la Luna acompañada de una tecnología que promete cambiar para siempre la forma en que se explora el cosmos. Se trata del sistema de Comunicaciones Ópticas Orion Artemis II (O2O), una plataforma desarrollada por el Laboratorio Lincoln del MIT en colaboración con el Centro Goddard de la NASA. Este sistema permite, por primera vez en una misión tripulada, el uso de comunicaciones láser (lasercom) para enviar volúmenes masivos de información hacia la Tierra. A diferencia de las misiones Apolo, que dependían exclusivamente de ondas de radio, Artemis II utiliza luz infrarroja para transportar datos. Esta transición es fundamental: mientras que el espectro de radiofrecuencia (RF) está cada vez más saturado y limitado en su ancho de banda, el láser ofrece una autopista de datos mucho más amplia, permitiendo que la tripulación transmita video en vivo y en alta resolución desde las proximidades de la Luna. «Podrán comunicarse a través de videoconferencias para coordinar actividades, hablar con médicos o transmitir en directo sus viajes, inspirando a una nueva generación», destacó Jade Wang, subdirectora del Grupo de Comunicaciones Ópticas y Cuánticas. El funcionamiento de estas comunicaciones recae en un dispositivo compacto denominado MAScOT (Terminal Óptico Modular, Ágil y Escalable). Este terminal, del tamaño aproximado de un gato, es el encargado de gestionar el envío y recepción de los haces de luz entre la nave Orion y la Tierra. MAScOT: El corazón tecnológico del enlace láser MAScOT se divide en dos componentes: El Gimbal (caja superior): Un soporte pivotante de dos ejes que sostiene un telescopio de 10 centímetros. Su función es apuntar con extrema precisión hacia los receptores terrestres, compensando el movimiento de la nave para mantener el haz láser alineado. Óptica de procesamiento posterior (caja inferior): Ubicada debajo del gimbal, contiene lentes de enfoque, sensores de seguimiento y espejos de dirección rápida que aseguran que la señal no se pierda durante la transmisión. Esta arquitectura ya demostró su eficacia en pruebas previas en la Estación Espacial Internacional (ISS), donde el sistema alcanzó velocidades de descarga de 1,2 Gbps. Para ponerlo en perspectiva, esta velocidad permitiría descargar archivos científicos en cuestión de horas, una tarea que con los sistemas de radio tradicionales solía demorar meses tras el regreso de la cápsula. Una red terrestre global con presencia en el hemisferio sur Para que el sistema O2O funcione, la NASA desplegó una red de estaciones terrestres especializadas capaces de captar estos haces de luz infrarroja. El equipo de operaciones del Laboratorio Lincoln supervisa la misión de 10 días desde estaciones en Houston (Texas), White Sands (Nuevo México) y una estación experimental ubicada en Australia. La inclusión de la estación en Australia es clave, ya que permite una cobertura óptima desde el hemisferio sur, asegurando que la nave Orion mantenga el contacto sin importar su posición orbital respecto a la rotación terrestre. En estas bases, los ingenieros han realizado simulaciones mensuales para garantizar que la transición entre estaciones sea transparente y que la comunicación con los astronautas sea fluida. Fuente: www.cooperativaciencia.
La NASA iniciará formalmente la cuenta regresiva para el lanzamiento de la misión Artemis II este lunes a las 19:00 GMT (15:00 horas local de Florida). Tras superar una serie de revisiones técnicas y retrasos previos, los especialistas confirmaron que todo el sistema de lanzamiento se encuentra en óptimas condiciones para el despegue programado para este miércoles 1 de abril a las 18:24 hora local desde el Centro Espacial Kennedy. Lori Glaze, administradora asociada de la Misión de Desarrollo de Exploración de Sistemas de la NASA, aseguró que las operaciones han transcurrido sin contratiempos tras la última revisión de preparación de vuelo. «Nos estamos acercando mucho y estamos listos «, afirmó la funcionaria, destacando que el proceso de preparación actual ha sido uno de los más «limpios» en la historia reciente de la agencia. A pesar del optimismo técnico, la principal variable que mantiene en alerta a los ingenieros es el clima en Cabo Cañaveral. Actualmente, existe un 80% de probabilidad de condiciones meteorológicas favorables, aunque persisten preocupaciones menores sobre la formación de nubes y vientos en altura que podrían interferir con la trayectoria del cohete. Un desafío técnico bajo la mirada del clima en Florida El comandante de la misión, el astronauta Reid Wiseman, se mostró relajado pero cauteloso ante los posibles escenarios. «Estamos listos para salir, pero ni por un segundo tenemos la expectativa de que vamos a ir en el primer intento», matizó Wiseman, recordando que el vehículo ya tuvo que regresar al edificio de ensamblaje en febrero pasado por ajustes técnicos. «Si tenemos que intentarlo unas pocas veces más, estamos 100% preparados para ello», añadió. La misión Artemis II tendrá una duración de 10 días y utilizará el cohete Space Launch System (SLS) junto a la cápsula Orion. Durante el trayecto, los astronautas evaluarán los sistemas de soporte vital y realizarán maniobras que servirán de base para las futuras misiones de descenso en la superficie lunar. Una tripulación diversa con la mira puesta en Marte La tripulación está integrada por la especialista de misión Christina Koch, quien será la primera mujer en una misión lunar; el piloto Victor Glover, el primer hombre de raza negra en este tipo de expediciones; y el astronauta Jeremy Hansen, el primer canadiense en dejar la órbita terrestre. Para Koch, esta misión es un « peldaño hacia Marte» y una oportunidad única para buscar respuestas sobre el origen de la vida en el sistema solar. «Responder a la pregunta de si estamos solos comienza en la Luna», señaló la astronauta desde la cuarentena preventiva. Por su parte, el canadiense Jeremy Hansen destacó que uno de los momentos más esperados será la observación de un eclipse solar desde su posición privilegiada en el espacio. Este vuelo es la continuación del éxito de Artemis I (no tripulado) en 2022 y el paso previo al objetivo de 2028: volver a pisar suelo lunar. El programa Artemis busca establecer una presencia humana permanente en el satélite y construir la estación orbital Gateway, que servirá como puerto de enlace para la futura exploración del planeta rojo. Fuente: www.cooperativa