Un impacto recientemente observado en la Luna ha dejado una llamativa cicatriz brillante, ofreciendo a los científicos una visión poco común de los procesos dinámicos que aún moldean a nuestro vecino celeste más cercano. Este descubrimiento no solo resalta con qué frecuencia cambia la superficie lunar, sino que también aporta pistas valiosas sobre colisiones recientes y antiguas que han esculpido a la Luna durante miles de millones de años. En ese sentido, los investigadores identificaron un nuevo cráter marcado por un patrón de eyección inusualmente brillante. Es decir, material expulsado durante la colisión. Estas franjas luminosas destacan sobre la superficie más oscura de la Luna, lo que indica que el impacto ocurrió relativamente hace poco en términos geológicos. Este tipo de eventos demuestra que la Luna está lejos de ser estática, ya que continúa transformándose por la llegada constante de meteoroides. “La Luna sigue siendo golpeada por rocas espaciales que crean pequeños cráteres recientes”, destaca Mateja Rothlisberger, analista de datos de Lunar Reconnaissance Orbiter Camera. UNA VIOLENCIA CÓSMICA Más allá de este impacto relativamente reciente, los científicos también están relacionando estos hallazgos con colisiones mucho más antiguas y masivas que pudieron haber alterado profundamente la estructura interna de la Luna. Al estudiar rocas y características de su superficie, los investigadores sugieren que impactos colosales en el pasado penetraron profundamente bajo la corteza, influyendo en su evolución más de lo que se pensaba. Comprender tanto los impactos recientes como los antiguos permite a los científicos reconstruir la historia de la Luna y perfeccionar los modelos sobre cómo evolucionan los cuerpos planetarios. Estos conocimientos son clave no solamente para la ciencia lunar, sino también para entender el pasado de la Tierra, ya que impactos similares han moldeado nuestro planeta. Cada nuevo cráter, por pequeño que sea, se convierte en otra pieza del rompecabezas de la violenta y fascinante historia del sistema solar. Fuente: Publimetro
Astrónomos lograron captar una nueva postal del centro de la Vía Láctea, la más grande hasta ahora, gracias al radiotelescopio ALMA, que se encuentra en Chile, en pleno desierto de Atacama. La región vista en la imagen abarca más de 650 años luz y muestra densas nubes de gas y polvo alrededor del agujero negro supermasivo que está en el centro de la galaxia. Según informó el Observatorio Europeo Austral (ESO), esta es la primera vez que puede explorar en detalle el gas frío, que es la materia prima con la que se forman las estrellas en la Zona Molecular Central (CMZ por sus siglas en inglés) de la galaxia. Estos datos permitirán a los astrónomos conocer más sobre la vida de estas estrellas y también del agujero negro supermasivo que se encuentra allí. Ashley Thomas Barnes, astrónomo de ESO en Alemania que participó de esta investigación, expresó que esta zona “es un lugar de extremos, invisible a nuestros ojos, pero ahora revelado con extraordinario detalle”. ¿Por qué es importante ver el centro de la Vía Láctea? Los astrónomos están estudiando el gas molecular frío con ACES (ALMA CMZ Exploration Survey o sondeo de exploración de la zona molecular central con ALMA) para comprender su compleja química. Hasta ahora, han detectado varias moléculas diferentes, algunas simples como el monóxido de silicio, hasta otras orgánicas más complejas, como el metanol, la acetona o el etanol, por ejemplo. Las moléculas fluyen a través de los filamentos de gas cósmico y alimentan a grupos de materia que, en respuesta, pueden formar estrellas. Los astrónomos conocen este proceso en las afueras de la Vía Láctea, pero creen que en el centro estos eventos son más extremos. Steve Longmore, profesor de astrofísica en la Universidad John Moores de Liverpool y líder de ACES, explica que al estudiar cómo se forman estrellas en la CMZ “podemos obtener una imagen más clara de cómo crecieron y evolucionaron las galaxias”. “Creemos que la región comparte muchas características con las galaxias del universo temprano, donde las estrellas se formaban en entornos caóticos y extremos”, añade.
La NASA ha convocado a un comité de observación para estudiar el comportamiento, composición química y trayectoria del cometa interestelar 3I/ATLAS, que podría ser más antiguo que el propio Sol. Este cuerpo celeste es uno de los pocos objetos de su tipo detectados en la historia y varias agencias espaciales esperan poder estudiarlo en detalle mientras se desplaza rápidamente al interior de nuestro Sistema Solar. Según reporta La Nación de Costa Rica, el cometa 3I/ATLAS viaja a una velocidad de 60 kilómetros por segundo, el doble de la velocidad a la que se mueve la Tierra en su órbita. Esta velocidad se ve potenciada por su acercamiento al Sol y por su origen más allá del Sistema Solar. A diferencia de los asteroides, los cometas están compuestos de hielo y polvo, lo que provoca que al acercarse al sol se calienten y comiencen a liberar gases formando sus características colas que pueden extenderse por millones de kilómetros. Siendo un objeto interestelar, es decir, formado en otro sistema planetario, el análisis químico del 3I/ATLAS podría revelar materiales anteriores a la formación del Sistema Solar y generar nuevas teorías sobre la evolución de otros sistemas estelares. Los datos recopilados por astrónomos indican que el mayor punto de acercamiento del 3I/ATLAS con la Tierra ocurrirá el próximo 19 de diciembre, cuando pase a una distancia de 1,8 unidades astronómicas, equivalente a unos 270 millones de kilómetros. Aunque no será visible a simple vista, podrá observarse con telescopios medianos y grandes ubicados en regiones con cielos despejados, como en el norte de Chile. A pesar de estar bajo monitoreo de la Red Internacional para la Alerta de Asteroides de la NASA, no se ha emitido ninguna advertencia de impacto por parte del cometa. Solo se ha organizado una campaña de observación científica para estudiar este fenómeno astronómico único. Fuente: Meganoticias
Un impacto recientemente observado en la Luna ha dejado una llamativa cicatriz brillante, ofreciendo a los científicos una visión poco común de los procesos dinámicos que aún moldean a nuestro vecino celeste más cercano. Este descubrimiento no solo resalta con qué frecuencia cambia la superficie lunar, sino que también aporta pistas valiosas sobre colisiones recientes y antiguas que han esculpido a la Luna durante miles de millones de años. En ese sentido, los investigadores identificaron un nuevo cráter marcado por un patrón de eyección inusualmente brillante. Es decir, material expulsado durante la colisión. Estas franjas luminosas destacan sobre la superficie más oscura de la Luna, lo que indica que el impacto ocurrió relativamente hace poco en términos geológicos. Este tipo de eventos demuestra que la Luna está lejos de ser estática, ya que continúa transformándose por la llegada constante de meteoroides. “La Luna sigue siendo golpeada por rocas espaciales que crean pequeños cráteres recientes”, destaca Mateja Rothlisberger, analista de datos de Lunar Reconnaissance Orbiter Camera. UNA VIOLENCIA CÓSMICA Más allá de este impacto relativamente reciente, los científicos también están relacionando estos hallazgos con colisiones mucho más antiguas y masivas que pudieron haber alterado profundamente la estructura interna de la Luna. Al estudiar rocas y características de su superficie, los investigadores sugieren que impactos colosales en el pasado penetraron profundamente bajo la corteza, influyendo en su evolución más de lo que se pensaba. Comprender tanto los impactos recientes como los antiguos permite a los científicos reconstruir la historia de la Luna y perfeccionar los modelos sobre cómo evolucionan los cuerpos planetarios. Estos conocimientos son clave no solamente para la ciencia lunar, sino también para entender el pasado de la Tierra, ya que impactos similares han moldeado nuestro planeta. Cada nuevo cráter, por pequeño que sea, se convierte en otra pieza del rompecabezas de la violenta y fascinante historia del sistema solar. Fuente: Publimetro
Astrónomos lograron captar una nueva postal del centro de la Vía Láctea, la más grande hasta ahora, gracias al radiotelescopio ALMA, que se encuentra en Chile, en pleno desierto de Atacama. La región vista en la imagen abarca más de 650 años luz y muestra densas nubes de gas y polvo alrededor del agujero negro supermasivo que está en el centro de la galaxia. Según informó el Observatorio Europeo Austral (ESO), esta es la primera vez que puede explorar en detalle el gas frío, que es la materia prima con la que se forman las estrellas en la Zona Molecular Central (CMZ por sus siglas en inglés) de la galaxia. Estos datos permitirán a los astrónomos conocer más sobre la vida de estas estrellas y también del agujero negro supermasivo que se encuentra allí. Ashley Thomas Barnes, astrónomo de ESO en Alemania que participó de esta investigación, expresó que esta zona “es un lugar de extremos, invisible a nuestros ojos, pero ahora revelado con extraordinario detalle”. ¿Por qué es importante ver el centro de la Vía Láctea? Los astrónomos están estudiando el gas molecular frío con ACES (ALMA CMZ Exploration Survey o sondeo de exploración de la zona molecular central con ALMA) para comprender su compleja química. Hasta ahora, han detectado varias moléculas diferentes, algunas simples como el monóxido de silicio, hasta otras orgánicas más complejas, como el metanol, la acetona o el etanol, por ejemplo. Las moléculas fluyen a través de los filamentos de gas cósmico y alimentan a grupos de materia que, en respuesta, pueden formar estrellas. Los astrónomos conocen este proceso en las afueras de la Vía Láctea, pero creen que en el centro estos eventos son más extremos. Steve Longmore, profesor de astrofísica en la Universidad John Moores de Liverpool y líder de ACES, explica que al estudiar cómo se forman estrellas en la CMZ “podemos obtener una imagen más clara de cómo crecieron y evolucionaron las galaxias”. “Creemos que la región comparte muchas características con las galaxias del universo temprano, donde las estrellas se formaban en entornos caóticos y extremos”, añade.
La NASA ha convocado a un comité de observación para estudiar el comportamiento, composición química y trayectoria del cometa interestelar 3I/ATLAS, que podría ser más antiguo que el propio Sol. Este cuerpo celeste es uno de los pocos objetos de su tipo detectados en la historia y varias agencias espaciales esperan poder estudiarlo en detalle mientras se desplaza rápidamente al interior de nuestro Sistema Solar. Según reporta La Nación de Costa Rica, el cometa 3I/ATLAS viaja a una velocidad de 60 kilómetros por segundo, el doble de la velocidad a la que se mueve la Tierra en su órbita. Esta velocidad se ve potenciada por su acercamiento al Sol y por su origen más allá del Sistema Solar. A diferencia de los asteroides, los cometas están compuestos de hielo y polvo, lo que provoca que al acercarse al sol se calienten y comiencen a liberar gases formando sus características colas que pueden extenderse por millones de kilómetros. Siendo un objeto interestelar, es decir, formado en otro sistema planetario, el análisis químico del 3I/ATLAS podría revelar materiales anteriores a la formación del Sistema Solar y generar nuevas teorías sobre la evolución de otros sistemas estelares. Los datos recopilados por astrónomos indican que el mayor punto de acercamiento del 3I/ATLAS con la Tierra ocurrirá el próximo 19 de diciembre, cuando pase a una distancia de 1,8 unidades astronómicas, equivalente a unos 270 millones de kilómetros. Aunque no será visible a simple vista, podrá observarse con telescopios medianos y grandes ubicados en regiones con cielos despejados, como en el norte de Chile. A pesar de estar bajo monitoreo de la Red Internacional para la Alerta de Asteroides de la NASA, no se ha emitido ninguna advertencia de impacto por parte del cometa. Solo se ha organizado una campaña de observación científica para estudiar este fenómeno astronómico único. Fuente: Meganoticias